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Hace algunos años leía en una entrevista al Gálvez que no
estaba por la labor de describir las rutas que abría hasta el detalle, ni de
señalar todo lo que nos íbamos a encontrar en un largo, ni en definitiva llevar
de la mano como niñeros/as a la gente al monte. Y es que ciertamente, con poca
información y un poco de interés se llega a Roma, sin necesidad de meter por los
ojos la información a la peña dejándoselo en bandeja a quien ve las zonas de
escalada y de bloque como el Carrefour, con su parking y sus secciones de
descuentos: necesitan primero la carretera por la que llegar, luego el
itinerario, el camino, los hitos, las flechitas (amarillas, rojas o blancas) y
luego las clecas. Y es que la escalada, ya sea de vías o de bloque no es ajena
al fenómeno del consumismo.
Cuando pienso en esto me vienen a la cabeza los que se
meten en El Capitán con un trozo de papel mal escrito o garabateado, como en su
día Eric Shipton fue al Karakorum o el Mallory al Everest, con muy poquito.
Encontrar el camino, es ya de por sí, el inicio de la escalada. Comparto que no
es plan de volver a la bota rígida y dejar los gatos en casa, pero una cosa es
clara: favorecer la masificación, poniendo hasta la alfombra roja a los
visitantes, no es nada bueno. Y a los hechos me remito.
Abrir las zonas de escalada, descubrir una escuela misma
implica tener sentido común y preparar las cosas para el futuro. No se trata de
ser egoístas, como algún tonto (literalmente tonto) ha llegado a decir en algún
foro con respecto a los bloques que abrimos en La Cabrera, y que no difundimos.
No es que queramos ser los primeros en encadenar. Es simplemente que si podemos
posponer los perniciosos efectos de los "desembarcos" de furgonetas que todos
conocemos (Escorial, Albarracín, La Pedriza...), alimentados por las modas, el
boca a boca y las más que detalladas guías con ediciones cada vez más
actualizadas, mejor nos irá. Hace poco me encontré con un bloquero de Navarra
que ya traía un edición de las zonas de bloque en el Centro, en la que aparecía
La Cabrera. Mientras, los efectos del aparcamiento en la Dehesa, empiezan a
extenderse sin remedio, y los guardas, calentando motores.
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Los bloques de La Cabrera, como las nuevas rutas de La
Cabrera, estarán siempre a disposición de la gente, sólo basta preguntar, que es
lo que se ha hecho siempre. Nuestros croquis y reseñas estarán a disposición de
todos los que lo necesiten. Pero creemos que con las explicaciones que damos
someras sobre su acercamiento, sobre sus grados, sobre su situación, son
suficientes para quien es consciente del respeto que merecen los parajes donde
residen nuestros berrocales.
Sólo así podremos disfrutar los bloques todos como los
encontramos el primer día.
Por todo ello, y nada más que por ello, coincidimos con
nuestros colegas de Bustarviejo, para quien la pintura de bloques, el cepillado
masivo, la tala indiscriminada (sin separar maleza de lo que no lo es), la
apertura de caminos en la dehesa en la que sólo pastan las vacas, no nos lleva a
escalar mejor, no nos lleva a poner más cosas en común, no nos lleva a disfrutar
más de nuestro deporte; nos lleva símplemente a que nos visiten más. ¿Está La
Cabrera preparada para ello?
Discrección generosa. Escalada responsable. Dejemos la
mínima huella. Y seamos discretos. Por nuestro propio bien.
fondo: collage gentileza de Rober (Guey) Editoriales
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