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editorial verano 2005
A lo mejor me pongo un poco pesado, pero no puedo evitarlo. Lo que está ocurriendo en el panorama editorial de este país con los libros de montaña y las guías de escalada no tiene nombre, y es que puestos a hacer negocio, pocos escrúpulos valen. A modo de ejemplo, sólo de la Pedriza puedo encontrar la reseña de una misma vía en seis (sí, habéis leído bien, seis) guías diferentes: La de Luján y Darío de 1992, la de reequipamiento del Yelmo y los Brezos, la de Luis Santamaría, las dos de Tino Núñez nuevas y la nueva de Luján. De las seis citadas, cinco pertenecen a la misma editorial. Exculpando de antemano a los autores citados, para que nadie se llame a engaño, (a ellos poco se les puede reprochar, más bien al contrario), el resultado es bastante negativo. ¿Por qué? Por varias razones. Porque, al igual que una misma vía puede estar reseñada en todas ellas, habrá a buen seguro alguna que esté tan sólo en una de las guías, obligando al erudito coleccionista de rutas a poseer todas las guías publicadas. Porque se anteponen intereses comerciales o personales de algún equipador con pocos escrúpulos a costa de crear y engordar las zonas de escalada de vías que ya no sólo no se abren nunca desde abajo (en sectores con esa tradición), sino que se equipan sin el menor gusto y lógica, aprovechando reuniones para dar servicio a cuatro o cinco vías, a veces sin continuidad, sucias o sin aliciente alguno. Muchas de estas vías no respetan vías emblemáticas de antaño, desnaturalizan itinerarios cercanos y crean falsas expectativas a una demanda confusa ante tanta aparente oferta de cantidad (que no de calidad), cuando no propician el enojo de sectores más radicales que, maza en mano, desmontan las chapas de estas vías totalmente prefabricadas por mandato de la guía que nunca se debieron haber equipado. El caso es especialmente preocupante en nuestra comunidad, que tanta presión recibe para tan poca roca virgen. La cuestión de las nuevas ediciones llega a alcanzar a libros que no son guías, sino verdaderos trabajos de investigación histórica, lo cual es de por sí criticable. No hace dos años salió el libro "Un Siglo de Escaladas", sobre el Naranjo de Bulnes. Pues bien, en las librerías está ya la nueva edición, que corrige erratas y mejora los contenidos. Si la editorial no estaba preparada para sacarlo ¿Por qué se sacó? ¿Qué se le dice a la gente que compró el primero? ¿Que se compre la nueva edición y tire la anterior? Mal hecho. Llevemos la ética, las buenas prácticas y la defensa del lector allí donde deben estar, y saquemos los colores a quien, lejos de mantener a los escaladores debidamente informados, ven en el tirón de los deportes de montaña un filón inagotable de negocio. No exprimamos más zumo a lo que ya no tiene. En aras de un equipamiento sostenible, muera la chapuza, se imponga el rigor y la imaginación.
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