editorial                                         primavera 2006

“CALIDAD HUMANA”

 

 

 

 

Desde el principio, las pruebas diagnósticas eran claras: una hernia discal en la zona lumbar era la causa de mis dolencias durante los últimos meses.  

La intervención quirúrgica puso fin a mis males sólo temporalmente. Una asombrosa recuperación que me llevó a abandonar el hospital por mi propio pié apenas 48 horas después de la intervención, seguido de un período de dos semanas de bonanza durante las cuales apenas necesitaba del uso de las muletas para caminar, acabaron en una rápida e inexplicable recaída que me llevaron a ingresar nuevamente en el hospital

            Durante un mes, las pruebas y análisis realizados no daban resultados concluyentes sobre mi afección, incluso el equipo médico que me trataba estaba perplejo ante el agravamiento de mi estado a pesar del tratamiento cada vez mas fuerte. Finalmente, un hemocultivo dio positivo por infección bacteriana, lo que puso en movimiento al equipo médico y fuí nuevamente intervenido para limpiar la zona afectada. ¿la causa? Una de esas infecciones de quirófano de las que todos hemos oído hablar alguna vez y que suponen una insignificante proporción en las estadísticas, pero que desgraciadamente existen.

             Tras más de dos meses de reposo absoluto en cama y seis semanas de tratamiento antibiótico en vena, finalmente, a día de hoy, he podido empezar a levantarme y dar los primeros pasos, eso sí, enfundado en un corsé de termoplástico que va a ser mi compañero de cordada durante los próximos seis meses.

 Puestos en conocimiento los abatares que el destino me tenía reservado para los últimos meses de mi vida y toda vez que empiezo a ver un punto brillante al final del largísimo túnel de mi recuperación, paso a la parte sustancial de este escrito, que no es otra sino el hacer público mi agradecimiento a todo el personal de la Clínica ASEPEYO de Coslada que me ha atendido durante mi ingreso, destacando su profesionalidad y trato exquisito y educado, tanto de facultativos como de auxiliares.

 Pero hay tres personas para las cuales tengo un especial agradecimiento, dos de ellas son personal del hospital que supieron ver ó detectar que mi salud mental se deterioraba más rápidamente que la física durante los largos días de incertidumbre que precedieron al diagnóstico y que, haciendo gala de una calidad humana por encima de cualquier protocolo profesional, consiguieron devolverme la sonrisa a base de cariño, ternura y dedicación casi exclusiva, con innumerables visitas a mi habitación, incluso cuando me cambiaron de planta. ¡Ana y Eva, gracias, sois especiales!

 La otra persona es Conchi, mi mujer, que aunque la he dejado para el final, para ella es mi mayor gratitud, en negrita y con mayúsculas, pues es quien ha tenido que soportar durante todo este tiempo mi enfermedad, mi mal humor, mis frustraciones, mis iras y mis dudas, mientras tenía que desdoblarse para compaginar mi enfermedad con el cuidado del niño, la casa y su trabajo.

 También quiero agradeceros a todos los que os habeis interesado por mí durante este tiempo y deciros que…¡nos vemos en las tapias!

 

editoriales anteriores:

2004:

septiembre

octubre

noviembre

diciembre

2005:

enero

febrero

marzo

abril

mayo

verano

otoño

invierno

 

 

 

 

Escaladores y escaladas de La Cabrera

© todos los derechos reservados

 

 aviso legal  |  inicio  | contacta con nosotros | publicidad

 

editorial  | noticias  |  rincón de Beni   |  bloque   |  proyecciones   |  personajes   |  enlaces   |  foro   |  tertulias   |  vías 

  |  flashes  |  trivial alpino   |  entrevistas   |  bazar   |   club  |   zona de embarque

 

editorial                                         primavera 2006

editorial                                         primavera 2006

“CALIDAD HUMANA”

 

 

 

 

Desde el principio, las pruebas diagnósticas eran claras: una hernia discal en la zona lumbar era la causa de mis dolencias durante los últimos meses.  

La intervención quirúrgica puso fin a mis males sólo temporalmente. Una asombrosa recuperación que me llevó a abandonar el hospital por mi propio pié apenas 48 horas después de la intervención, seguido de un período de dos semanas de bonanza durante las cuales apenas necesitaba del uso de las muletas para caminar, acabaron en una rápida e inexplicable recaída que me llevaron a ingresar nuevamente en el hospital

            Durante un mes, las pruebas y análisis realizados no daban resultados concluyentes sobre mi afección, incluso el equipo médico que me trataba estaba perplejo ante el agravamiento de mi estado a pesar del tratamiento cada vez mas fuerte. Finalmente, un hemocultivo dio positivo por infección bacteriana, lo que puso en movimiento al equipo médico y fuí nuevamente intervenido para limpiar la zona afectada. ¿la causa? Una de esas infecciones de quirófano de las que todos hemos oído hablar alguna vez y que suponen una insignificante proporción en las estadísticas, pero que desgraciadamente existen.

             Tras más de dos meses de reposo absoluto en cama y seis semanas de tratamiento antibiótico en vena, finalmente, a día de hoy, he podido empezar a levantarme y dar los primeros pasos, eso sí, enfundado en un corsé de termoplástico que va a ser mi compañero de cordada durante los próximos seis meses.

 Puestos en conocimiento los abatares que el destino me tenía reservado para los últimos meses de mi vida y toda vez que empiezo a ver un punto brillante al final del largísimo túnel de mi recuperación, paso a la parte sustancial de este escrito, que no es otra sino el hacer público mi agradecimiento a todo el personal de la Clínica ASEPEYO de Coslada que me ha atendido durante mi ingreso, destacando su profesionalidad y trato exquisito y educado, tanto de facultativos como de auxiliares.

 Pero hay tres personas para las cuales tengo un especial agradecimiento, dos de ellas son personal del hospital que supieron ver ó detectar que mi salud mental se deterioraba más rápidamente que la física durante los largos días de incertidumbre que precedieron al diagnóstico y que, haciendo gala de una calidad humana por encima de cualquier protocolo profesional, consiguieron devolverme la sonrisa a base de cariño, ternura y dedicación casi exclusiva, con innumerables visitas a mi habitación, incluso cuando me cambiaron de planta. ¡Ana y Eva, gracias, sois especiales!

 La otra persona es Conchi, mi mujer, que aunque la he dejado para el final, para ella es mi mayor gratitud, en negrita y con mayúsculas, pues es quien ha tenido que soportar durante todo este tiempo mi enfermedad, mi mal humor, mis frustraciones, mis iras y mis dudas, mientras tenía que desdoblarse para compaginar mi enfermedad con el cuidado del niño, la casa y su trabajo.

 También quiero agradeceros a todos los que os habeis interesado por mí durante este tiempo y deciros que…¡nos vemos en las tapias!

 

editoriales anteriores:

2004:

septiembre

octubre

noviembre

diciembre

2005:

enero

febrero

marzo

abril

mayo

verano

otoño

invierno

 

 

 

 

Escaladores y escaladas de La Cabrera

© todos los derechos reservados

 

 aviso legal  |  inicio  | contacta con nosotros | publicidad

 

 noticias   |  bloque   |  proyecciones   |  personajes   |  enlaces   |  foro   |  tertulias   |  vías 

  |  flashes   |   bazar   |  club  |  zona de embarque